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lunes, 12 de junio de 2017

LANZAROTE (Generalidades)

                  La isla de Lanzarote es una de las llamadas "islas orientales" (junto a Fuerteventura) de las Canarias y está situada frente a las costas del NW africano. Su formato actual, como ocurre con la otra, es alargado al contrario de lo que acontece con otras islas del archipiélago (G.Canaria, Gomera o El Hierro) que lo poseen en escudo, si bien es cierto que éste hecho (isla estirada) también se observa en el sector opuesto (La Palma).
Las islas Canarias poseen evidencias de que, en principio,
emergieron de manera separada con formatos de escudo
               Sin embargo, el formato inicial de todas las islas Canarias parece ser similar es decir; se trata de islas individuales que comenzaron a erigirse en escudo, pero cuya extensa trayectoria sin apenas subsidencia propició que algunas de éstas islas, en principio separadas, se fueran uniendo en grupos compactos debido a la posterior incidencia ígnea de origen fractural que se produjo en ellas y entre ellas. Sus episodios iniciales las vinculan más bien a procesos aislados, derivados de un "punto caliente expandido de tipo moderado", cuyo aspecto pasivo es la consecuencia de una posible "convección de borde de placa", de los magmas que son dirigidos hacia las costas africanas desde la gran dorsal transatlántica y que, tras chocar contra los murales soterrados del robusto continente, retornan con dificultad hacia el Atlántico para ser devueltos otra vez hacia África, provocando una rotación continua a la que se ha definido con ésa expresión (Carracedo).
Acumulación energética frente a las costas africanas,
con una posible rotación magmática en el manto que
sería una de las  2 causas de las igniciones, siendo la
2ª de procedencia fractural vinculada a diversos factores.
                El hecho fractural complementa ésa fase anterior, que fomenta los basamentos de éstas islas de manera separada, pudiendo llegar a unir algunas de ellas hasta derivar en estructuras empalmadas por los nuevos productos eruptivos y los correspondientes periodos erosivos que, con sus sedimentaciones, cooperan en el posterior diseño ya ampliado y conjuntado de islas mucho mayores. Tal parece ser el caso de Tenerife (síntesis de 3 islas unificadas), La Palma (2), Fuerteventura (3) y Lanzarote (2), estando consideradas éstas 2 últimas a su vez como una única unidad geológica erigida frente a las costas saharianas, con cuyas estructuras parecen estar más emparentadas de lo que en principio se creía.
La isla de La Graciosa es el resultado posterosivo en
el que se vieron implicadas 3 islas de origen volcánico.
Nos muestra como se fue uniendo también Lanzarote
              El origen de las fracturas puede ser divergente y aparte de las que pueden generar las propias estructuras de las islas, hay que tener en cuenta las que se puedan derivar de los movimientos de las placas africana y oceánica, con sentidos algo contrapuestos (aunque estén soldadas desde sus inicios) o las relacionadas con las fuerzas ígneas que presionan la corteza superficial y la resquebrajan, causando los consiguientes terremotos y sus efectos colaterales en forma de fallas.
Islas en escudo de Lanzarote; Famara (norte) y Los
Ajaches (sur), cuyo espacio fue rellenándose con las
erupciones posteriores y las sedimentaciones.
                    Lanzarote se fraguó con 2 pequeñas islas erigidas en escudos menores, que se formaron en espacios de tiempo diferentes muy separados entre sí. La más antigua se localiza en el sur (Los Ajaches) y comenzó a emerger sobre el mar hace unos 16 m.a. (algunos autores la alargan hasta los 20), estando en actividad durante unos 4 m.a. en 2 etapas separadas por un corto intervalo. Con posterioridad hubo un largo paréntesis de unos 2 m.a., hasta que hace unos 10 m.a. comenzó a fraguarse el 2º escudo isleño en el norte (Famara), al que se le otorgan 3 fases constructivas que finalizan hace unos 3,8 m.a. Los 2 antiguos escudos menores se hallan en la actualidad muy erosionados, aunque se insinúan aún sus moles con relativa nitidez. Tras otro parón prolongado de 1 m.a., la actividad retornó y continuó hasta el momento actual, estando localizadas sus manifestaciones fisurales entre ésas 2 antiguas islas y por la periferia, lo que fomentó el relleno de la oquedad que las separaba hasta entonces.
Famara y el volcán de la Corona destacando al fondo
               Sus edificios esgrimen formatos de tipo explosivo (de manera especial estrombolianos e hidromagmáticos), típicos de las Zonas Volcánicas fisurales, siendo una característica general de la isla la escasez de rocas evolucionadas, al contrario de lo que acontece en las demás islas de Canarias. Posee una orografía aplanada (su cota máxima está en el volcán de la Corona con poco más de 600 mts), que impide la descarga de los vientos húmedos del norte (alisios), los cuales suelen atravesarla como trenes expresos y, por eso mismo y su ubicación cercana al ecuador, es árida aunque la escasez de lluvias evita un mayor grado de erosión y esto permite que sus edificios ígneos se conserven en un estado excelente y sin apenas vegetación, lo que facilita la visión de sus estructuras de una manera limpia al contrario de lo ocurre, por ejemplo, en la Garrotxa (Girona).
Cono estromboliano gigantesco en Los Ajaches
                    Lanzarote es el "paraíso" de los "amantes de los entornos volcánicos", con una belleza de carácter superlativa enfocada en el tema de los ámbitos fracturales, que se hallan interconectados con el agua de una manera ostensible (caso también de Calatrava, Eifel, Girona y Auvergne, con quienes se les emparenta a pesar de ser una isla). De ahí que la práctica totalidad de sus monumentales y bellos edificios sean estrombolianos (en sus 3 grados de potencia; moderada, dinámica y de alta energía), que en algunos casos derivan hacia el apartado de los hidromagmáticos (también incluidos en el ámbito explosivo), dando lugar a enormes montañas de depósitos escoriáceos, piroclastos, coladas, tobas e incluso oleadas de alta energía.
Hilera de volcanes milenarios sita entre Famara y Los Ajaches.
La diferencia de color se debe achacar a añadidos que formaron
tobas a modo de cáscaras y a las propiedades diferentes
                  La parte central de la isla (donde antes había mar), se debió convertir en un sector débil (como ocurrió en Tenerife) y fue por allí por donde se fueron erigiendo varias hileras de volcanes alineados, que nos muestran su vinculación con importantes fracturaciones del terreno. La línea más notoria y robusta se encuentra al Este y conectó las 2 islas con una serie eruptiva que debió ser tan relevante como la de 1730-36, puesto que todavía se divisan sus moles gigantescas. Dentro de ése espacio se fueron aglutinando otras hileras de volcanes, por regla general relacionados con fisuras radiales que se logran distinguir con relativa facilidad dada su disposición, habiendo además diseminados otros cúmulos por el sector occidental, que en parte fueron sepultados de manera parcial (se les llama de forma muy acertada "islotes") o destacan por su color y dimensiones como es el caso de la Caldera Blanca.
Hilera del Este que aglutina a una serie de volcanes claros
pertenecientes a alguna serie fractural contemporánea
                     Todas éstas series eruptivas son diferentes a las de 1730, pues su morfología es de tipo más alcalino y sus restos se hallan impregnados de materia terrosa simple, que corresponde a las laderas de la placa africana, lo que indica que ésta isla no posee basamento ígneo, sino que está aposentada encima del borde litoral hundido de ésa placa, hecho que puede explicar su apariencia de entorno fisural. Éste hecho se trasluce con la posición que tienen la mayor parte de sus bocas eruptivas, que se hallan dispuestas justo en dirección opuesta a las costas de África, dando a entender que las fisuras proceden desde allí y por eso  poseen ése grado de inclinación.
Las series de Timanfaya poseen un tono oscuro que las distingue
con facilidad del resto, pero tapizaron la práctica totalidad de los
demás volcanes centrales y pueden confundir al espectador
                   Las series de Timanfaya (1730-36) y Tinguatón (1824) expulsaron materiales mucho más básicos (negruzcos) y sin apenas mezcolanzas, lo que permite establecer diferencias entre edificios por su distinto componente ígneo. Muchos volcanes de las series anteriores destacan por sus tonalidades claras, aunque algunos han sido tapizados con lapillis y tobas que hay que ir descubriendo, pues a veces pueden confundir al espectador. También hay que procurar reconocer lo que son simples colinas de depósitos, que en ocasiones se hallan alargadas por haber sido voluminosos itinerarios de flujos y regueros de lava (por lo general del tipo malpais (aa).
               
Uno de los "islotes" sitos por el sector occidental
                   Cada hilera volcánica tiene una carretera en su margen que permite visionarla con nitidez, pudiendo ser visitados la mayor parte de sus conos y cráteres.                    

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